miércoles 19 de mayo de 2010

CONCIERTO EN EL TEATRO SERRANO

La Orquesta Filharmònica de la Universitat de València ofreció un Concierto de Primavera '10 el dia 17 de mayo de 2010. Lo primero que he de decir es que fue gratis. Menos mal, porque algunas cosas que se oyeron no fueron desde luego para cobrar nada. Sin embargo, gratis es fantástico en tiempos de crisis y algo sí que oímos que dio gusto que fuera gratis. Del director ni idea. Un tal Cristóbal Soler al que la chaqueta le caía muy bien. Su actitud fue bastante consentidora con los aplausos indiscriminadamente burros del auditorio, que no hacía otra cosa que aplaudir, incluso entre actos, además de entre obras. El hombre ya hasta se reía, según quien lo pudo observar.
El concierto se dividió en dos partes.
La primera parte dos obras: Concierto para flautín de Vivaldi RV443 y Concierto para violoncelo de Saint-Saëns.
La segunda una: la suite sinfónica Sherezade, de Korsakov.
Vale. Gracias por poner por una vez alguna obra que se puede tararear y que suena agradable al oído, si está bien interpretada. Vamos a ver.
Concierto para flautín, donde la solista, no diré su nombre, hizo una gran demostración de cómo no se debe tocar un instrumento: el aire... incontrolado, la digitación... amontonada, la expresión... totalmente ausente, la precipitación... llamando a la puerta de forma insistente. El movimiento del cuerpo era sólo simbólico, diría que teatrero: el único efecto era nocivo. La pobre del clave se estaba volviendo esquizofrénica: ¿qué hago? ¿freno, acelero, persigo, la dejo tocar a la suya? Porque sí, iba totalmente a la suya esta chica del flautín. Y el comienzo del concierto fue tremendamente caótico: un desconcierto. Admitamos que resulta difícil dar las primeras notas en el sitio: vale, pero esto fue algo memorable. ¡Qué difícil es ser solista! A esta flautista le faltan muchas horas de clase y de práctica, y seguramente necesita que alguien la encamine, porque está totalmente perdida. Eso que hace ella no es música.
Considerablemente mejor será nuestro juicio sobre Salvador Bolón, el celista. Aquí el cuerpo sí que acompañaba a la música, había matices, expresión, desafinaciones sí, pero disculpables, porque el chaval se lo curró muy bien. La propia orquesta le ofreció un loador pataleo -que no ofreció a la flautinista, por razones evidentes- al final de la pieza. Cuando uno recuerda mejores que malos momentos, entonces es porque la cosa ha ido bien. Sin embargo, creo que a este chaval le falta instrumento. De acuerdo, estamos en tiempos de crisis. Pero debería plantear-se adquirir un violoncelo con un timbre un poco más penetrante, intenso y potente.
Después del breve descanso, la intervención de la orquesta al completo con una obra de un colorido seductor, efectista y sugestiva puso, además de un bonito broche final, en evidencia las deficiencias de algunos músicos: el trompeta hizo gallitos cuando se esperaba un ataque cristalino de la nota, la trompa hizo otro tanto, la flautista aquí se moderó -menos mal-, el concertino desafinaba y con su actitud, parecía que no tenía ganas de tocar, cosa que sí se evidenciaba en su compañero de su derecha. La impresión es que a este concertino le hace falta madurar. El oboe muy bien.
Ahora en general: para ser una orquesta de estudiantes la cosa no está mal, de verdad. Y pese a los juicios negativos, se ha de dar las gracias y ha de valorarse el esfuerzo de unos jóvenes que están, al tiempo que estudiando sus carreras respectivas, tocando en una orquesta. Esto implica trabajo, trabajo y más trabajo. Quien pueda que lo intente: espíritu de trabajo y ganas de andar adelante.
Hemos de dar las gracias a los organizadores por haber organizado este evento musical, de los que debería haber muchos más: Gracias al Ajuntament de Gandia i a la Universitat de València por organizar el evento. Gracias al patrocinador, el Banco de Santander, y a la colaboración del Patronat Fundació Universitat de València.