miércoles, 24 de diciembre de 2008

Música - compositor - intérprete - oyente

Una composición musical adquiere el formato de documento escrito cuando es plasmada en un soporte impreso. Antes de este proceso, el compositor ha tenido que hacer su componenda, nunca mejor dicho. "Componenda" deriva de una forma de Gerundivo en latín, y tiene un valor de futuro pasivo de obligación: "lo que ha de ser compuesto". "Componer" significa "poner junto". Este es el significado etimológico. Sin embargo, no basta con poner junto; hay que poner junto y en orden. Para hacer esto, los griegos tenían un término hermoso: ἁρμονία, es decir, "harmonía", con "h", porque en griego es una palabra que empieza con aspiración, como "Helena" o "Hendecasílabo", todas ellas con la "h" perdida en el tiempo: armonía, Elena, endecasílabo -el catalán las conserva, porque es una lengua más conservadora-. Pero volvamos a "harmonía". La palabra "harmonía" es un sustantivo derivado del verbo "harmosso", que significa "ajustar", hacer que una cosa ajuste con otra. Y aquí está la clave de la BELLEZA: que las cosas se ajusten de forma que juntas den un resultado estéticamente ponderable.
El acto de componer implica primero un acto de reflexión y la aplicación de un conocimiento técnico. Es decir, aquello de que la inspiración es divina y cuando más dopado me halle más fluirá mi comuncación con la divinidad inspiradora es más un cuento de fumetas que una realidad. No señores. La composición es una labor dura, ardua y complicada hasta el extremo más desesperante. Sólo la hablidad que proporciona el estudio como dios manda permite desenvolverse en el terreno de la composición con "cierta" comodidad.
El compositor, por tanto compone y tiene una idea de su composición, piensa como quiere que suene y así lo pone por escrito. Sin embargo, esta obra que compuso el autor es única y sólo existe por una sola vez en la mente del creador. A partir de ahí, sale de la mente, se libera de sus ataduras y pasa a ser propiedad de la sociedad. Y la sociedad, las personas, los lectores, hacen una lectura de lo escrito a todas luces parcial.
Porque es imposible con el sistema de signos inventado para escribir la música poner por escrito todo lo que un autor pensó de cómo quería que fuera su obra. Por eso, el intérprete es libre, y por eso existen tantas y tantas intepretaciones de una obra: porque existe un margen, podemos decir, ilimitado en la lectura, que es a todas luces algo muy PERSONAL. Y personas en este mundo hay mil y un millón. Sólo hay un límite a lo dicho: el que marcan los signos convencionales. Pero como la música no son matemáticas, por mucho que algunos quieran que sí, jamás la lectura de 2 + 2 dará cuatro, sino 3 y pico, 4 y pico. Una aproximación LIMINAR a lo que quiso decir el autor.
Bien, hemos hablado del compositor y del intérprete. Veamos ahora qué pasa con el oyente. La distancia que dista entre el autor y el destinatario último de la obra, es decir, el oyente, es muy distante. Tan distante que se puede decir que poco tienen que ver lo que quiso decir el autor con lo que recibe el oyente. Y esto es así porque es así. Será necesario reirse un tanto de las llamadas grabaciones "con instrumentos originales" y de sus pretensiones historicistas, por muy Harnoncourtianas que quieran ser: sin grabaciones no sabemos nada de lo que fue la música en el Barroco. Instrumentos con tensiones diferentes, con afinaciones diferentes, notaciones musicales diferentes en las que uno se las ve y se las desea para transcribirlas al sistema de notación actual, malas intepretaciones de lo escrito, errores inevitables. PARA PODER APRECIAR UNA PIEZA MUSICAL TAL COMO FUE EN EL PASADO NECESITARÍAMOS ESTAR EN POSESIÓN DE UNA MÁQUINA DEL TIEMPO, Y NO SÓLO ESO, SINO TENER NOSOTROS UNA MENTE ANTIGUA, HABER SIDO EDUCADOS EN EL SISTEMA DE SÍMBOLOS Y ESTÁNDARES DE LA ÉPOCA. Lo que no es ni puede ser. Conclusión: lo que oímos hoy es de hoy y jamás representará el pasado, sino sólo una sombra del pasado.
¿Qué nos queda de la música, entonces? NADA, ABSOLUTAMENTE NADA. Algo que se escribe en un sentido, que se interpreta en otro y que se percibe en otro, y que además autor y obra pertenecen a épocas dispares no puede ser calificado de otra forma que de FRAUDE. LA MÚSICA ES UN GRANDÍSIMO FRAUDE. UNO DE LOS FRAUDES MÁS TERRIBLES QUE HA CREADO EL SER HUMANO. Y LOS MÚSICOS TODOS UNOS FRAUDULENTOS, QUE NOS QUIEREN HACER CREER QUE SU INTERPRETACIÓN ES LA QUE VALE. CON TODO Y A PESAR DE TODO Y SIN EMBARGO, ¿QUÉ SERÍA DE LA HUMANIDAD SIN LA MÚSICA...? ¿QUÉ VIDA MÁS INSULSA....?

Como ejemplo de lo dicho, por favor, escuchemos atentamente estas interpretaciones del 2º movimiento del concierto para violín de Tchaikovsky.