En las dos noticias anteriores hemos hablado de la naturaleza del teatro y de la decadencia del teatro. En el día de hoy ha sido representada en el Teatro del Raval de Gandia la obra "Ot, el Quixot", una obra para todos los públicos, es decir, adecuada para infantes, pero con un mensaje claramente para adultos.
Argumento: tras el fallecimiento de un viejo librero, su sobrino, de nombre Ot, acude a heredar, es decir, a ver la tajada que le queda de lo labrado por su tío a lo largo de toda la vida. Un ratón intelectual le informa de que la herencia consiste en una vieja librería. Ot, negado para la lectura, queda profundamente decepcionado, hasta que una representación gigantesca del libro de Cervantes "Don Quijote", lo abduce, literamente, se lo come, y para más inri, lo transfrorma en el el protagonista de las aventuras del caballero de la triste figura. Más y mejor, Ot se convierte en el Quixot, es decir, en el Quijote. La única forma de salir del libro es asumir su nueva personalidad de Alonso Quijano, vivir todas las aventuras narradas en el libro, hasta encontrar la salida del mismo para volver a la realidad (supuestamente una página arrancada del Quijote que debe hacer las veces de vórtice de regreso, de una dimensión ficticia que es el argumento de la novela).
Engalanado sin querencia en vestidos quijotescos, Ot asume su función como quien no puede hacer otra cosa para sobrevivir. Al principio con desgana y progresivamente cada vez más metido en su esquizofrénico personaje. Ot el Quixot recibe debe leer los libros de caballería que le harán secar el cerebro, se hará nombrar caballero en una destartalada venta, conseguirá escudero, tendrá enamorada y luchará la batalla final con el caballero de la luna, hasta encontrarse de repente tirado en el suelo de la librería, despertado como de un sueño y vuelto a la realidad.
Tras la experiencia, que se puede calificar de mística, Ot sale convertido de pollino iletrado en un dechado de fascinación por la lectura.
La lección es tan simple como importante: con la lectura las personas podemos experimentar experiencias que van más allá de la realidad y que pueden convertir nuestras vidas de lo bruto a lo ameno. La lectura es capaz de convertir el alma más negada en algo brillante y hacer que vivir valga la pena.
Lo primero que he de decir es que el argumento, aunque con un enfoque personal, no puede calificarse de plenamente original y lo hemos visto, básicamente y por solo nombrarlo desde el punto de vista comercial, en algunas películas ya antiguas pero no trasnochadas como "La historia interminable" u originalmente "Neverending Story". Fuera de este asunto, lo más importante es que hemos asistido a una representación dramática divertida, ingeniosa, con un atuendo adecuado, y que la actuación de los actores puede ser calificada de magnífica. Afortunadamente había muchos niños en el patio de butacas, acompañados por sus padres y familiares. He echado a faltar más adultos, porque los niños de las edades presentes en general no conocen el referente del Quijote para comprender el alcance argumental de la obra. Hacían falta más adultos. Ya digo y repito: es una obra para niños, parecía una obra infantil, pero es más que válida para un público adulto, que se aburre delante del televisor viendo los sábados por la noche los programas cutres de la tele. Hacía falta más presencia adulta entre el público, porque a los niños los educan los adultos y si los adultos no comprenden el concepto de lo que significa leer, con dificultad lo inculcarán, con la mera asistencia a una obra de teatro, a sus hijos.
Enhorabuena a los actores y a la compañía en general. Gracias por esta función tan divertida y educativa. Gracias.
Argumento: tras el fallecimiento de un viejo librero, su sobrino, de nombre Ot, acude a heredar, es decir, a ver la tajada que le queda de lo labrado por su tío a lo largo de toda la vida. Un ratón intelectual le informa de que la herencia consiste en una vieja librería. Ot, negado para la lectura, queda profundamente decepcionado, hasta que una representación gigantesca del libro de Cervantes "Don Quijote", lo abduce, literamente, se lo come, y para más inri, lo transfrorma en el el protagonista de las aventuras del caballero de la triste figura. Más y mejor, Ot se convierte en el Quixot, es decir, en el Quijote. La única forma de salir del libro es asumir su nueva personalidad de Alonso Quijano, vivir todas las aventuras narradas en el libro, hasta encontrar la salida del mismo para volver a la realidad (supuestamente una página arrancada del Quijote que debe hacer las veces de vórtice de regreso, de una dimensión ficticia que es el argumento de la novela).
Engalanado sin querencia en vestidos quijotescos, Ot asume su función como quien no puede hacer otra cosa para sobrevivir. Al principio con desgana y progresivamente cada vez más metido en su esquizofrénico personaje. Ot el Quixot recibe debe leer los libros de caballería que le harán secar el cerebro, se hará nombrar caballero en una destartalada venta, conseguirá escudero, tendrá enamorada y luchará la batalla final con el caballero de la luna, hasta encontrarse de repente tirado en el suelo de la librería, despertado como de un sueño y vuelto a la realidad.
Tras la experiencia, que se puede calificar de mística, Ot sale convertido de pollino iletrado en un dechado de fascinación por la lectura.
La lección es tan simple como importante: con la lectura las personas podemos experimentar experiencias que van más allá de la realidad y que pueden convertir nuestras vidas de lo bruto a lo ameno. La lectura es capaz de convertir el alma más negada en algo brillante y hacer que vivir valga la pena.
Lo primero que he de decir es que el argumento, aunque con un enfoque personal, no puede calificarse de plenamente original y lo hemos visto, básicamente y por solo nombrarlo desde el punto de vista comercial, en algunas películas ya antiguas pero no trasnochadas como "La historia interminable" u originalmente "Neverending Story". Fuera de este asunto, lo más importante es que hemos asistido a una representación dramática divertida, ingeniosa, con un atuendo adecuado, y que la actuación de los actores puede ser calificada de magnífica. Afortunadamente había muchos niños en el patio de butacas, acompañados por sus padres y familiares. He echado a faltar más adultos, porque los niños de las edades presentes en general no conocen el referente del Quijote para comprender el alcance argumental de la obra. Hacían falta más adultos. Ya digo y repito: es una obra para niños, parecía una obra infantil, pero es más que válida para un público adulto, que se aburre delante del televisor viendo los sábados por la noche los programas cutres de la tele. Hacía falta más presencia adulta entre el público, porque a los niños los educan los adultos y si los adultos no comprenden el concepto de lo que significa leer, con dificultad lo inculcarán, con la mera asistencia a una obra de teatro, a sus hijos.
Enhorabuena a los actores y a la compañía en general. Gracias por esta función tan divertida y educativa. Gracias.

